Cómo manejar las rabietas de los niños

En alguna ocasión, seguro que habéis visto a un niño pataleando, llorando y gritando en el suelo del supermercado. En ese momento sus padres se encuentran al lado sin saber muy bien qué hacer y “muertos de vergüenza”. Pues eso es, eso son las rabietas. Muchos padres acuden a nuestros psicologos especializados en niños en Las Rozas con las siguientes preguntas: “¿Qué podemos hacer cuando nuestro hijo entra en una rabieta?”, “¿Cómo debemos actuar en ese momento?”, “¿Se puede actuar de un modo firme pero al mismo tiempo respetuoso ante esas rabietas?”. A todas estas preguntas vamos a responder en este post.

¿Qué son las rabietas?

Lo que comúnmente conocemos como rabietas, es la frustración de un niño ante un deseo que no puede cumplir. Dado que es pequeño, no sabe otra manera de expresarlo que de esta forma.

Suelen aparecer entre los 2 y los 4 años de edad. Y se trata de un fenómeno normal dentro del desarrollo infantil. Sin embargo, es que estas situaciones suelen ser molestas para los padres. Tenemos que ser conscientes que se dan cuando los niños empiezan a buscar independencia y ponen a prueba las normas. Por lo que es fundamental que les enseñemos habilidades para manejar la frustración y de esta manera, las rabietas irán desapareciendo de forma progresiva.

Como hemos dicho, las rabietas forman parte del desarrollo normal del niño. Pero hay estrategias que nos pueden ayudar a manejarlas de forma eficaz.

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¿Cómo gestionar de forma adecuada las rabietas?

Es importante que los padres aprendan a gestionar las rabietas de un modo respetuoso con las necesidades del niño, sin dejar de ser firmes en aquellas situaciones que lo requieran.

 

A continuación,  vamos a daros algunas pautas para que podáis gestionar las rabietas de vuestros hijos:

⇒ Prevenir: anticiparse a la situación es una garantía de éxito. Los padres sabéis perfectamente cuáles son las situaciones que pueden desencadenar una rabieta en vuestros hijos. Es decir, sabéis que de camino al colegio pasáis por el parque y va a querer quedarse, mejor ir por un camino alternativo.

⇒ No perder el control: cuando se da una rabieta no debemos elevar la voz ni intentar imponernos a la fuerza. Tenemos que ser conscientes que los que no saben controlar sus emociones son los niños. Las rabietas tienen principio y fin, y en ocasiones es difícil acortar esos tiempos.

⇒ Ceder: hay situaciones en las que podemos ceder ya que no es una guerra. “¿Qué prefieres la sudadera al jersey? Vale, puedes ponerte la sudadera. No pasa nada”.

⇒ Mantenerse firme: mantenerse firme ayuda a dejarle claro al niño que la rabieta no le va a llevar a conseguir lo que quiere. Pero es fundamental que el padre se crea que controla la situación. Así mismo, debemos de ser conscientes que la firmeza no está reñida con el afecto.

⇒ Bajar a su nivel: hablarle con calma, mirarle a los ojos, intentar que nos mire mientras le hablamos. Esto es fundamental cuando nos comunicamos con un niño, pero más aún cuando el niño se encentra en una rabieta.

⇒ No emplear el chantaje emocional: no debemos utilizar expresiones del tipo “si te portas así, mamá no te querrá”, “te vamos a dejar ahí sólo”, “como vea esto tu padre te vas a enterar”. Es importante transmitirle que le vamos a querer igual aunque tenga esa rabieta, pero que nos resulta molesto que se comporte de esa manera.

⇒ No negar el contacto físico: es probable que rechace el contacto físico. Debemos respetarlo y no tomárnoslo como un ataque. Sin embargo, si acepta el contacto físico podemos darle un abrazo, besos o cogerle hasta que se sienta mejor.

⇒ Darle explicaciones cortas: no debemos darle grandes explicaciones acerca de lo injusta que es su reacción a un niño que se encuentra inmerso en una rabieta. Lo más probable es que siga gritando y llorando sin cesar. Los mensajes deben ser cuanto más breves y sencillos mejor: “cariño, lo siento, ahora eso no puede ser”. Cuando acabe la rabieta, y en función de la edad del niño, podemos hablar con él acerca de lo ocurrido.

⇒ No responder con enfado: es importante que seamos conscientes que somos el ejemplo de nuestros hijos y que les encanta imitar lo que hacemos. También es importante no permanecer enfadados con ellos eternamente. Pasados unos minutos, la rabieta ha finalizado y él no se acordará por qué seguís enfadados.

Por lo tanto, la próxima vez que tu hijo entre en una rabieta: RESPIRA HONDO y piensa que en algún momento dejaran de suceder.

Si tienes dudas acerca de cómo gestionar las rabietas de tu hijo, en Psicología Monzó podemos ayudarte a aprender a controlarlas. No dudes en contactar con nosotros.

También os invito a que os suscribáis a nuestro canal de Youtube para ver los videos que vamos compartiendo. No dudes en enviarme sugerencias de temas que os gustaría que tratase. Podéis escribirme a: contacto@psicologiamonzo.com.

 

 

 

 

 

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