Educar sin gritos: claves para conseguirlo.

Muchos son los padres que acuden a consulta con el propósito de educar de la mejor manera posible a sus hijos. Sin embargo, debido a nuestro complicado día muchas veces no logran educarlos como les gustaría.  En algunas ocasiones es por cansancio, falta de tiempo, por las diferentes circunstancias en las que nos encontramos o por el carácter “complicado” del niño. Aún con todos estos factores, debemos de tener claro que gritar no es un recurso educativo adecuado, ni para el niño ni para los padres.

Es cierto que los gritos pueden parecer inofensivos, producto de la rabia y que se esfuman en unos segundos. Pero pueden afectar al desarrollo psicológico del niño e influir en su comportamiento.

Además, los gritos suelen ir acompañados de amenazas, descalificaciones y/o chantajes. Recuerda que este tipo de actos son dañinos para su desarrollo.

¿Por qué solemos gritar?

Es frecuente que de forma práctica “automática”, vayamos subiendo nuestro volumen de voz como un recurso para educar a los niños. Seguro que conoces a alguien muy paciente y tranquila que en algún momento “ha perdido los nervios” y les ha gritado a sus hijos. Numerosos son los estudios que afirman que un porcentaje elevado de madres y padres admiten haber gritado e insultado a sus hijos en alguna ocasión. Pero…. ¿Por qué recurrimos a los gritos?:

  • Es rápido y sencillo de utilizar.
  • No requiere un desgaste intelectual para su uso.
  • Infunde carácter de autoridad al que lo utiliza.
  • A corto plazo consigue la atención del niño.
  • Le confiere a la situación que ha causado el grito mayor importancia.

Vale… estos serían los supuestos “beneficios” de gritar a los niños… pero por qué no nos planteamos los perjuicios que pueden ocasionar realmente.

¿Se puede educar sin gritar?

Y la respuesta es SÍ. Ten en cuenta que educar sin gritar no quiere decir que nunca, nunca jamás se te escape un grito. Quiere decir que desarrollas las habilidades y estrategias que te permiten educar en una forma positiva, dejando atrás gran parte de esos gritos y transformándolos en comprensión, paciencia y estrategias efectivas para educar sin perder los nervios.

Uno de los aspectos que repito en los talleres para padres constantemente es que educar sin gritos significa que nuestra manera de relacionarnos y de educar no se basa en los gritos y los castigos.

Beneficios de educar en positivo:

Los últimos artículos científicos señalan que los castigos y los gritos pueden dañar la autoestima del niño y suelen provocar más comportamientos negativos (por ejemplo, es común que a niños a los que se les grita mucho sean ellos los que gritan a amigos o incluso a sus padres o hermanos).

Diferentes investigaciones señalan que educar sin gritos y castigos, utilizando la empatía, las normas y el refuerzo positivo ayuda a los niños a aprender más rápido y contribuye a una mejor autoestima. En definitiva, educar en positivo va a ayudarte a que tus hijos te hagan más caso, aprendan de forma rápida las normas que quieres enseñarles y  a que se sientan mejor.

En qué puede ayudarte las sesiones de “Escuela de padres”:

  • Te sentirás menos frustrado.
  • Conseguirás reducir de forma significativa la frecuencia e intensidad de gritos y enfados.
  • Entenderás mejor a tus hijos.
  • Mejorarás la comunicación.
  • Manejarás estrategias efectivas para hacerte escuchar.
  • Te sentirás más satisfecho con la educación de tus hijos.

Claves de una comunicación positiva con tus hijos:

  • Utiliza mensajes claros y breves: recuerda que tus hijos no recuerdan si escuchan parrafadas. Así que es mejor transmitir mensajes claros y breves sobre lo que consentimos y lo que no.
  • Sustituye los reproches o los juicios demoledores: expresados desde el tú eres (“Es que no has hecho…”, “Eres un vago…”, “Eres un desordenado…”) por la expresión respetuosa de tus opiniones y sentimientos (“No me ha gustado que no hayas hecho…”) o desde lo que vemos de manera objetiva (“Veo tu cuarto muy desordenado”).
  • Enfocaros juntos en la solución a los conflictos: en lugar de prestar atención y rumiar todo lo negativo (“Por qué has pintado el sofá? Es que siempre la estás liando!”), pon el foco en las soluciones: “¿Cómo podemos solucionar esto? Vamos a limpiarlo juntos”).

  • Dirige las críticas al comportamiento, expresando confianza y amor incondicional hacia la persona: en lugar de “Eres un desobediente”, decir “Veo que no has hecho lo que habíamos acordado. Sé que eres capaz de hacerlo”.

Muchas veces como padres nos sentimos frustrados. Si crees que puedes mejorar y no tienes las herramientas ponte en contacto con nosotros. Desde Psicología Monzó te vamos a dar las herramientas para que seas la mejor versión de ti mismo como padre/madre. Además, en el video te cuento algunas estrategias para mantener la calma y no gritar. No dudes en verlo y dejarme tus comentarios.

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