Fatiga pandémica.

La semana pasada cumplíamos un año desde que la crisis sanitaria provocada por la pandemia de la Covid-19 estalló en nuestro país. Durante semanas atrás veíamos como otros países estaban siendo afectados y en cuestión de semanas se produjo nuestro confinamiento domiciliario.

No sé si os pasa pero a mi estos meses se me han pasado muy rápido. Recuerdo como si fuese ayer como comunicaba a mis pacientes que la consulta sería de forma online.

También me parece ayer cuando salíamos a aplaudir religiosamente a las ocho de la tarde para apoyar a todos aquellos que estaban trabajando en la primera línea contra la Covid-19 y a todos aquellos que trabajaban para que pudiésemos tener los servicios básicos. Hemos aprendido numerosos términos, “aplanar la curva”, “inmunidad de rebaño”, “DIMAMA”, etc.

Un año después vivimos inmersos en diferentes restricciones (unas más severas que otras la verdad), seguimos sin tener contacto con nuestros familiares y amigos, seguimos con miedo, seguimos escuchando cifras de fallecidos diariamente, seguimos con nuestra vida muy limitada y un largo etcétera.

Y sí, desde hace más de un mes veo a las personas de mi alrededor y a mis pacientes (también a mi misma) como nos empieza a hacer mella mucho más allá de la relativa perdida de libertades.

Durante este año hemos tenido que aprender a vivir sin casi salir de casa, teletrabajando, compaginando cole online, sin ver a nuestros familiares en fechas señaladas… Y aunque ha tenido aspectos positivos, la pandemia ha ocasionado que afloren muchos problemas de ansiedad y depresión.

¿Qué es la fatiga pandémica?

La fatiga pandémica ha sido un concepto enunciado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para referirse a la reacción ante las prolongadas medidas y restricciones ocasionadas por la pandemia de la Covid-19.

Es decir, se ha observado que cuando se mantienen las medidas y restricciones de forma sostenida en el tiempo terminan ocasionando un agotamiento generalizado.

Los síntomas principales de padecer fatiga pandémica son los siguientes:

  • Cansancio.
  • Agobio con la rutina ocasionada por la pandemia.
  • Llegando a ocasionar cuadros de desesperanza ante esta situación. Presentando síntomas de ansiedad y soledad entre otros.

Debido a este hartazgo generalizado, es importante que tengamos en cuenta que el agotamiento hace que las personas se cuiden menos. Es decir, que utilicen menos o peor las mascarillas, que no respeten las cuarentenas, que no presenten atención al lavado de manos, y por tanto, que se expongan más a la posibilidad de contagio.

La OMS aclara que la fatiga pandémica es una reacción natural que podemos comprender y que se genera después de un tiempo prolongado de limitaciones de traslado, temor a enfermar, miedo a perder el trabajo, etc. Sin embargo, es fundamental que estemos atentos a que si esta sensación se excede es importante contactar con un profesional.

¿Cuándo consultar con un profesional?

Es importante que tengamos claro este aspecto. Las emociones dejan de ser normales cuando interfieren en nuestro funcionamiento diario, por ejemplo: alteran nuestra capacidad de concentración en el trabajo o en cualquier actividad, nos sentimos irritables prácticamente todo el tiempo, interfieren en nuestras relaciones sociales, etc.

Es decir, cuando siento que mis emociones son una carga y me impiden funcionar es un claro indicio de que hay que buscar ayuda profesional que nos ayude a gestionarlas.

Herramientas para evitar y/o disminuir la fatiga pandémica:

Algunas de ellas son de sobra conocidas, pero no esta de más recordarlas para poder ponerlas en práctica y sobrellevar la fatiga pandémica y sus consecuencias:

  • Autocuidado: a nivel global de nuestro cuerpo. Incluiríamos alimentación saludable, descanso y actividad física.
  • Utilizar estrategias para disminuir el estrés: búsqueda y practica de actividades placenteras a realizar en nuestro domicilio.
  • Mantener el contacto con nuestros seres queridos: mantener el contacto disminuye la sensación de soledad y encierro.
  • Limitar la cantidad de noticias que escuchamos a lo largo del día.
  • Aceptar nuestros sentimientos: negar aquello que estamos sintiendo va a ocasionar un doble esfuerzo y no nos va a permitir hacernos cargo de esas emociones.
  • Crear nuevas actividades y rutinas para compartir en familia.
  • Trabajar nuestro pensamiento hacia un pensamiento más positivo y/o neutro. Por ejemplo, cambiar el pensamiento de “estoy encerrada” por “estoy cuidándome y cuidando”.

Uno de los principales factores que aumenta la sensación de fatiga pandémica es la desesperanza, es decir, la sensación de que esto no va a acabar nunca, de que cada vez estamos peor. Por eso es fundamental que reconduzcas tus expectativas y que aunque esto no ha acabado, acabará y podremos retomar nuestra vida con “normalidad” o inventaremos una “nueva normalidad”.

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