Hay quien ama septiembre: el olor a agenda nueva, el clima que empieza a cambiar, los nuevos comienzos…
Y hay quien, simplemente, se viene abajo. No entiende muy bien por qué, pero le cuesta. Vuelve la rutina y, con ella, una tristeza que no siempre es fácil de explicar.
Si tú también te sientes más apático, sin ganas de nada o incluso algo deprimido al acabar el verano, no estás solo. A muchas personas septiembre se les atraganta emocionalmente. Y no es solo por volver al trabajo o al estudio: hay factores psicológicos y fisiológicos que pueden explicar ese bajón.
En este artículo hablamos de las causas más comunes del “bajón de septiembre”, de cómo diferenciar una tristeza puntual de una depresión y de cómo puedes empezar a cuidarte emocionalmente en este cambio de estación.
El “síndrome de septiembre”: más común de lo que crees
Aunque no es un diagnóstico clínico, muchas personas describen lo mismo:
➡️ Sensación de vacío al volver a la rutina.
➡️ Falta de motivación o ilusión por lo que viene.
➡️ Bajada de energía.
➡️ Ganas de llorar sin motivo aparente.
➡️ Irritabilidad, cambios de humor o incluso ansiedad.
Este fenómeno tiene que ver con varios factores que se solapan:
- Fin de un periodo de descanso que nos conectaba con el placer, la libertad o la desconexión.
- Exposición a menos luz natural, lo que influye directamente en nuestro estado de ánimo.
- Aumento de la presión externa (productividad, obligaciones, agenda).
- Y, en algunos casos, un cierto “efecto espejo”: el regreso a la rutina refleja aspectos de nuestra vida que no nos gustan (el trabajo, la relación, el ritmo que llevamos…).
¿Es lo mismo sentirse triste que estar deprimida?
No. Y es importante diferenciarlo.
La tristeza es una emoción natural. Nos avisa de que algo nos está doliendo o que hemos perdido algo: en este caso, la libertad del verano, el tiempo libre, o simplemente el contacto con una parte más vital de nosotros.
👉 Esta tristeza puntual suele durar unos días o semanas. Puede doler, pero no nos paraliza completamente.
👉 En cambio, una depresión es algo más profundo y duradero. Afecta a todas las áreas de la vida y no siempre tiene un motivo claro.
Algunos signos de que lo que estás sintiendo podría ser una depresión:
- Has perdido el interés por cosas que antes te motivaban.
- Te cuesta levantarte de la cama o mantener una mínima rutina.
- Tienes pensamientos negativos persistentes (“no valgo para nada”, “no puedo más”).
- Sientes una tristeza constante, sin altibajos.
- Empiezas a aislarte de los demás.
- Tu cuerpo también lo nota: duermes mal, comes menos (o más), tienes molestias físicas sin causa aparente.
Si crees que puedes estar pasando por una depresión, te recomiendo que leas con calma la sección de depresión o que hables directamente con un/a profesional que pueda orientarte.
Factores que pueden intensificar el bajón de septiembre
Hay personas que son más vulnerables al bajón emocional de septiembre. No porque sean más débiles, sino porque su contexto o su historia les hacen más sensibles a los cambios. Algunos factores que influyen:
1. Ya había un malestar de base antes del verano
A veces el verano actúa como parche emocional: te distrae, te aleja de tu rutina y, por un tiempo, todo parece más ligero. Pero al volver, el malestar que ya estaba aparece de nuevo con fuerza.
2. Alta autoexigencia o perfeccionismo
Si eres de los que sienten que “tienes que poder con todo” o que septiembre es “el mes para cambiar tu vida entera”, es más fácil frustrarse y sentirse saturado desde el primer día.
3. Cambios hormonales y disminución de luz solar
La ciencia ha demostrado que la luz solar influye directamente en la producción de serotonina (una de las hormonas asociadas al bienestar). A medida que los días se acortan, el cuerpo lo nota. Algunas personas incluso experimentan lo que se conoce como trastorno afectivo estacional (Mayo Clinic, 2024).
4. Falta de sentido en el día a día
Cuando el trabajo, la rutina o la vida cotidiana no te conectan con algo que te motive o te haga sentir que lo que haces importa, el regreso puede ser demoledor.
¿Qué puedo hacer si septiembre me deprime?
Aquí van algunas ideas que pueden ayudarte a transitar este mes de una forma más amable:
✴️ 1. Valida cómo te sientes
No te juzgues por estar más apagado. No todo el mundo empieza septiembre con energía. Permitirte sentirte así es el primer paso para que esas emociones no se cronifiquen.
✴️ 2. Evita llenar tu agenda en exceso
La vuelta al ritmo no tiene por qué ser inmediata. Si puedes, date unos días para adaptarte sin exigencias extremas. Planifica momentos agradables y evita sobrecargarte.
✴️ 3. Recupera rutinas básicas, sin exigencias
Dormir bien, comer mejor, moverte un poco, ver la luz del sol… Son pequeñas cosas que tienen un impacto real en tu estado de ánimo. No tienen que ser perfectas, solo sostenibles.
✴️ 4. Cuida el entorno emocional
Habla con alguien de confianza. Comparte cómo te sientes. Y si notas que no te entienden o no puedes, recuerda que en terapia encontrarás un espacio donde hacerlo sin juicio.
✴️ 5. Pide ayuda si el malestar no mejora
No hace falta esperar a tocar fondo. Si llevas más de dos o tres semanas con tristeza, apatía o angustia constante, lo mejor es que lo consultes con un/a profesional. A veces, lo que empieza como un bajón puntual puede convertirse en algo más profundo si no se atiende a tiempo.
No estás sola: si septiembre te pesa, escúchate
La tristeza de septiembre puede ser un mensaje. Un aviso de que algo en tu vida necesita ser revisado, transformado o simplemente acompañado. No siempre se trata de hacer más cosas. A veces, la salida empieza por pararse, escucharse y pedir ayuda.
Si este mes se te está haciendo cuesta arriba, y quieres entender qué te está pasando y cómo puedes empezar a sentirte mejor, la terapia puede ayudarte a recuperar el equilibrio y el sentido.
Puedes echar un vistazo a cómo trabajamos la depresión o escribirme para que valoremos juntos/as tu caso. A veces, empezar a hablar de lo que te pesa es el primer paso para dejar de cargarlo sola
