Problemas emocionales asociados a la incertidumbre.

Pensar acerca del futuro puede ser algo que nos llene de entusiasmo o de preocupación. Al fin y al cabo, no sabemos qué va a suceder y esto en gran medida es la gasolina de la ansiedad, la manera y el modo en cómo nos afecte va a depender estrechamente de cuánto somos capaces de tolerar la incertidumbre.

La intolerancia a la incertidumbre es parte de la esencia de la depresión y de la ansiedad. Esto puede deberse a nuestra incapacidad para asumir y aceptar los cambios. Además, juega un papel importante en nuestra tendencia a preocuparnos en exceso.

En definitiva, la manera que tenemos de asumir lo incierto, lo indeterminado, lo desconocido puede provocar daños en nuestro estado emocional llevando a favorecer la aparición de determinadas patologías como hemos comentado anteriormente.

Hay personas que parece que tengan alergia a los cambios, a las situaciones novedosas y a todo lo que ello implica. Esto ocurre cuando les da miedo asumir que nuestra vida cambia de alguna manera.

¿En qué se fundamenta la intolerancia a la incertidumbre?

La intolerancia a la incertidumbre es una característica personal que consiste en mantener creencias negativas acerca de la incertidumbre y todo lo relacionado con ella. La evidencia actual sugiere que está orientada hacia el futuro a diferencia de la “intolerancia a lo ambiguo”, lo cual se entiende que afecta al momento presente. Por este motivo, podríamos diferenciar dos tipos:

  • Intolerancia inhibitoria: nos referimos a personas que ante dudas pequeñas se bloquean y les hace parar frente a lo que estaban realizando. Por ejemplo, es habitual que aparezca en personas que padecen TOC.
  • Intolerancia focalizada en el futuro: ocurre cuando ante sucesos imprevistos sentimos malestar. Este tipo de patrones de pensamiento están especialmente considerados factores de vulnerabilidad en problemas específicos de ansiedad y depresión.

Por este motivo, consideramos la intolerancia a la incertidumbre como un concepto transdiagnóstico que cada vez lo tenemos más en cuenta a la hora de valorar problemas emocionales. Si comprendemos este tipo de razonamiento emocional nos ayudará a atajar de una manera más eficaz todos aquellos pensamientos y emociones que nos generan malestar.

No toda la incertidumbre es negativa.

A pesar de que los seres humanos en general sentimos preferencia por la certeza lo desconocido no siempre es inductor de ansiedad. Hay autores que dicen que la incertidumbre tiene su lado bueno, especialmente en cuanto a incertidumbres o incógnitas temporales. Por ejemplo, no queremos saber ahora mismo el final del libro que estamos leyendo, o de la serie o película que estamos viendo, o el contenido de nuestros regalos de cumpleaños… También nos produce bienestar la sensación de libertad y autonomía de tener opciones.

Los 3 presentes en los que podemos vivir

Un prestigioso psicólogo, Ramón Bayés refiere que podemos vivir en tres presentes:

  • Presente-pasado: estar en el presente dándole vueltas a las situaciones pasadas.
  • Presente-futuro: estar en el presente dándole vueltas a lo que va a suceder en el futuro.
  • Presente-presente: estar aquí y ahora en la situación presente, centrado en lo que podemos hacer.

Por tanto, el miedo al futuro o la intolerancia a la incertidumbre está asociado a lo que Ramón Bayés denomina “Presente-futuro”. En cambio, lo saludable sería permanecer en el “Presente-presente” ya que es sobre lo único que tenemos control y capacidad de actuación. Sin embargo, es más habitual de lo que parece que surjan pensamientos anticipatorios, y más aún cuando experimentamos ansiedad anticipatoria que genera un estilo de pensamiento que atrapa y que genera mucho malestar en el individuo.

Por este motivo, es fundamental para dejar de sentirnos atrapados por nuestros pensamientos y emociones trabajarlos diariamente para aceptarlos y ponerles freno. Esto te ayudará a coger las riendas de tu vida y sentirte más libre.

Aprender a vivir con la incertidumbre.

Si la intolerancia a la incertidumbre empieza a afectar negativamente a tu vida, puede ayudarte practicar activamente la aceptación. Es decir, aprender a vivir con ella.

De hecho, existen tratamientos psicológicos que cuentan con evidencia científica para diferentes trastornos de ansiedad en el que se trabaja con los pacientes la aceptación a tolerar la incertidumbre.

Las personas que no toleran la incertidumbre sobreestiman la probabilidad de que algo malo pase. Tienden a exagerar el riesgo y las consecuencias negativas que podrían surgir de esa situación.

Tengamos en cuenta que nadie puede escapar a vivir con incertidumbre. No importa cuánto te preocupes, no vas a saber cómo va a ser tu vida en unos años, o lo que los demás piensan de ti. En cambio, lo que si depende de ti es tomar las medidas necesarias para actuar de manera que la preocupación y la angustia no dominen tu vida.

¿Cómo empezar con el aprendizaje de tolerar la incertidumbre?

  1. Identifica la emoción, no intentes luchar contra ella, obsérvala, normalízala y no te enfades por sentirla.
  2. Identifica de dónde viene la incertidumbre, el miedo, la ansiedad… reflexiona acerca de qué está pasando por tu cabeza y pregúntate dónde estás: ¿en el presente?, ¿en el pasado?, ¿en el futuro?
  3. Intenta no focalizar tu vida y tus conversaciones en aquello que tanto te preocupa. Puedes marcarte un tiempo máximo para hablar sobre ese tema.
  4. Cuando surjan pensamientos recurrentes de miedo y ansiedad, cambia la mirada hacia ti. Piensa en aquello que te gusta, en qué te apetece, en tus placeres vitales. En definitiva, busca momentos para cuidarte.
  5. Practica la flexibilidad, ten en cuenta que la vida es puro cambio. Puedes hacer pequeños ejercicio de exposición para romper tu necesidad de controlar absolutamente todo:
  6. Ve al cine sin elegir la película con antelación.
  7. Sal a pasear sin rumbo fijo ni horarios.
  8. No pienses qué te vas a poner hoy. Coge lo primero que veas.

Aprender a tolerar la incertidumbre va a acercarte a un mayor bienestar. Recuerda que el cambio empieza por ti y tu proactividad.

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