¿Te sientes culpable cuando comes?

¿Te sientes culpable cuando comes? ¿Piensas en las calorías que tiene ese alimento que comes? ¿Te visualizas engordando cada vez que comes?

Los sentimientos de culpa son uno de los elementos psicológicos clave para poder comprender los problemas de alimentación. Incluso suele ir de la mano de problemas más graves como los trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia y la bulimia.

Hechos relacionados con la alimentación.

Tenemos que tener en cuenta que nuestra relación con la comida y nuestro cuerpo es producto de la evolución de los seres humanos a lo largo de millones de años. Piensa, en cómo vivía el hombre o mujer en la prehistoria y las duras condiciones a las que se enfrentaban las primeras civilizaciones. Imagina que nuestros antepasados hacen muchísimas generaciones estaban varios días sin comer nada, y que de repente aparecía frente a un arbusto lleno de frutos y no había tiempo que perder. ¡Comían hasta acabarlos! El cuerpo entonces se encargaba de almacenar el sobrante de nutrientes en forma de grasa ya que podía ser que no hubiesen más frutos en unos días. Podríamos denominar de forma coloquial a esta forma de alimentación como “rápido que se acaba”.

En la actualidad vamos al supermercado y tenemos una gran variedad de alimentos esperándonos. Aunque vivimos en el mundo de la abundancia la forma de “rápido que se acaba” se suele activar, y casi sin haber entrado por la puerta de casa ya estamos abriendo un paquete de patatas fritas.

Existen dos hechos más que nos ponen las cosas complicadas. Por un lado, la preferencia del cuerpo humano por los alimentos ricos en azúcares y grasas (en nuestros antepasados hacía que tuviese más reservas, en la actualidad ocasionan numerosos problemas de salud). Y, por otro lado, que cuando el cuerpo tiene las reservas cubiertas tiende a moverse muchísimo menos.

¿Cuándo nos sentimos culpables al comer?

Es habitual que a todos nos importe nuestra salud e imagen corporal. Por ello, cada vez es más frecuente sentir culpa después de ingerir ciertos platos o cantidades.

Es muy probable que cuando sentimos culpa por la comida, también sintamos está emoción en otros aspectos de nuestra vida. Es decir, hay personas que generan un mecanismo de culpa por ciertas cosas que les suceden. Por ejemplo, puede que pensemos que “debemos hacer determinadas cosas” en el trabajo, con los amigos, con nuestra salud, con nuestra familia, etc y, si no los cumplimos nos sentimos culpables.

Lo cierto es que solemos tener ciertas creencias acerca de algunos alimentos que consideramos prohibidos. Por lo tanto, no es de extrañar que cuando algunos de estos son ingeridos, sintamos como que hemos cometido un pecado. Es por ello, que no es de extrañar que sintamos emociones negativas ante este tipo de alimentos y aparezcan pensamientos negativos del tipo “¡No debería haber comido esto!”.

Tengamos en cuenta que no existen alimentos buenos o malos, todos en su justa medida son beneficiosos para nuestro organismo. Algunos resultan más necesarios que otros, pero no hacen al resto de alimentos que sean “malos”.  Las personas somos quienes hemos etiquetado a los alimentos como buenos o malos. La comida es comida y debemos aprender a comer lo que nos gusta con moderación.

¿Cómo gestionar el sentimiento de culpa asociado a la alimentación?

Cuando llevamos varios meses experimentando esa sensación de culpabilidad asociada a la alimentación es recomendable consultar con un psicólogo especializado en esta área. Es fundamental que tengamos claro que es relativamente sencillo caer en circunstancias como la ingesta emocional, la bulimia, los episodios de atracones, y la anorexia nerviosa.

Vivir con culpa, como comer con culpa ocasiona un gran sufrimiento. Por ello, es importante que tengamos en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • No hay comidas “buenas” o “malas”. Todo es adecuado mientras su consumo sea equilibrado y con moderación.
  • Disfrutemos de la alimentación, con calma, sin prisas. Deléitate con una dieta variada, en la cual puedas incluir lo que desees de forma moderada.
  • Aprende a comer por hambre fisiológica y no por hambre emocional.
  • Integremos en el día a día adecuadas estrategias para manejar el estrés y la ansiedad. La comida no debe ser un canal para ahogar las emociones que no sabemos gestionar.

Una sociedad que premia la delgadez.

Este es uno de los principales motivos por los que se desencadenan la mayoría de los problemas de alimentación: el culto a la delgadez. Vivir en un mundo en el cual la belleza y los cuerpos esculturales son sinónimo de éxito e incluso de aceptación social, atenta contra el equilibrio psicológico de cualquier persona.

Existe un canon implícito de lo que se considera “cuerpo normativo” y esa figura, ese cuerpo, imposible, es a lo que aspiran numerosas personas. Para alcanzar esta meta únicamente es posible a través de la restricción o limitar la alimentación. Por ello, los sentimientos de culpa asoman después de la ingesta de alimentos poco saludables.

Aparecen ante cualquier producto por el simple hecho de que “alimentarse”  genera malestar. Esta es la punta del iceberg de buena parte de todos los trastornos de la conducta alimentaria.

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